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Una ruta poderosa para alcanzar grandes metas y bendiciones

Una ruta poderosa para alcanzar grandes metas y bendiciones

Cambiar nuestra visión de la vida y reconocer que, como hijos de Dios y moviéndonos en su voluntad, no hay límites, determina que podamos conquistar nuestras metas, por más grandes y ambiciosas que parezcan.

Cada nuevo año, nuevo mes o quizá semana, representan un desafío. ¿Cómo superar los retos que salen al paso y alcanzar aquello que soñamos? Con fe y caminando de la mano de nuestro Hacedor. El Señor lo ha prometido:

"Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." (Salmos 37:4 | RV 60)

Los límites los ponemos nosotros con pensamientos de derrota, escasez y declaraciones de imposibilidad. Alimentamos gigantes por los que nadie más que nosotros respondemos.

Declarar en fe

Si cambiamos nuestros pensamientos y, de hecho, nuestro lenguaje experimenta modificaciones para comenzar a declarar en fe, todo cambiará. No podemos seguir creyéndole al diablo que es el padre de la destrucción  Juan 10:10.

Abraham creyó y vio materializadas las promesas de Dios para él y para su descendencia. Creyó en el Dios que declara las cosas que no son como si fueran Romanos 4:16, 17. Aquél que crea de la nada. El patriarca no miró las circunstancias adversas, simplemente creyó Romanos 4:18-22. Igual usted y yo. Podemos limitarnos cuando se levantan obstáculos, o declarar con fe aquello que vendrá.

José, un hombre de fe

El patriarca José fue un hombre de fe. Creyó en la promesa de Dios a Abraham. Estaba muy lejos de la tierra prometida, sin embargo, estaba convencido de que llegarían a morar en ella y pidió que llevaran sus huesos  en el tránsido por el desierto, después de salir de Egipto  Génesis 50:24-26.

Moisés, fiel a la promesa que le habían hecho sus antepasados, cargó con los restos  Éxodo 13:19, y de hecho, fueron sepultados en Siquem  Josué 24:32. Eso es fe.

¿Obraría usted  como el antiguo gobernante egipcio de origen hebreo? Si nos atreviéramos a hacerlo, sin duda alcanzaríamos grandes metas para nosotros y nuestros hijos.

Para Dios no hay nada imposible

Los cristianos nos acostumbramos a pensar en pequeño. ¿La razón? Hemos concebido a un Dios pequeño, limitado. Ahí está nuestro error. Olvidamos que para Él no hay nada difícil  Jeremías 32:17.

Jamás pierda de vista el hecho de que usted y yo fuimos concebidos para ser bendecidos  Efesios 2.10. Que no caminemos en ellas no es culpa de Dios sino nuestra, que preferimos creerle a las circunstancias adversas.

Cada quién decide si quiere recibir bendiciones

Usted y yo escogemos las bendiciones o las maldiciones (Cf. Deuteronomio 10: 12, 13; 11:26; 28:1, 2). Si por el contrario, seguimos caminando en nuestras fuerzas, haciendo lo que queremos y, de paso, pensando con una mentalidad negativa y derrotista, no avanzaremos en lo más mínimo hacia la conquista de nuestras metas.

No lo olvide: la clave es ser fieles a Dios  2 Corintios 9:6. Él nos concederá aquello que anhelamos y que sabe, necesitamos.


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