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Siete recomendaciones para vencer la ira

Siete recomendaciones para vencer la ira

En su enojo, Raquel lanzó el teléfono celular contra la pared. El impacto destruyó en mil fragmentos el aparato que se desperdigó en toda la habitación y minutos después sería el más vivo testimonio de las consecuencias desatadas por la ira de la joven mujer.

No puedo contenerme. Cuando me lleno de ira, es como si mi mente se nublara— le explicó a una amiga, horas después del incidente.

Las dos rememoraron el incidente, repasando segundo a segundo, lo que había ocurrido. Su profunda rabia, que la dominó por completo, comenzó cuando llegaron las dos de la tarde y Juan Carlos— su esposo— no la había llamado.

No puedo concebir que no se tome siquiera aun minuto para hablar conmigo— se justificó —. Imagínate, Laura: me salió con el cuento de que había estado trabajando en una junta de selección y calidad en su empresa.—

Ahora estaba sin teléfono y, peor aún, comprobó que su marido estaba diciendo la verdad.

— Reconozco que debo controlar mi ira, porque me hace la vida imposible y, sinceramente, creo que mi esposo llegará a aburrirse — , admitió con un dejo de preocupación en la voz.

El de Raquel no es el primer caso ni será el último. Diariamente recibo decenas de correos electrónicos de lectores en todo el mundo que manifiestan su preocupación por las terribles consecuencias que desata la ira en sus vidas.

Conocí el caso de una mujer que arrojó el televisor por la ventana. Era su forma— muy particular por ciento— de pretender evitar que su esposo pasara los domingos viendo partidos de fútbol. Reponer el aparato llevó a que se endeudaran.

¿Qué es y qué produce la ira? Un tema que le invito a que consideremos, primero a la luz de la ciencia y, después, con el fundamento que debe guiarnos: la Biblia. En ella aprenderemos unos consejos que resultarán útiles en nuestro crecimiento espiritual, y en procura de afianzar y mejorar nuestras relaciones interpersonales, rotas muchas veces por accesos de ira.

Un estallido de ira a la menor provocación

El sufrimiento está ligado a los sentimientos que acompañan a quienes se dejan arrastrar por la ira. Quienes hacen gala de su mal carácter, e incluso, llegan a justificarlo, sufren debido a su conducta. En su criterio les resulta más fácil discutir que dialogar, lo que— analizando el asunto cuidadosamente— es un tremendo error.

Quien se ampara en actitudes airadas como forma de controlar, manipular o intimidar, se enfrentan a la postre a un arma de doble filo. Quienes los rodean terminan apartándose de ellos y llegan incluso a demostrarles rechazo. La persona misma se siente inmersa en un laberinto, realimentando su comportamiento hostil, al tiempo que se va aislando de los demás.

Una de las razones más frecuentes para reaccionar y dejarse arrastrar por la ira, radica en interpretar como ataque lo que dicen o hacen los demás. No tomar el tiempo suficiente para analizar cada situación, resulta lamentable.

Hiere a los demás y de paso, causa zozobra y crisis de conciencia al iracundo.

Identifique los factores desencadenantes

Si tenemos conciencia de que la ira nos arrastra en su corriente impetuosa, es necesario aprender a identificar qué despierta esa emoción descontrolada. Es esencial mantenernos alerta. Si logramos descubrir que nos lleva a actuar de manera impulsiva, habremos dado un gran paso.

También resulta útil estudiar qué cosas de todo cuanto nos dicen o hacen quienes tienen trato frecuente con nosotros, nos provoca ira. Sin duda descubriremos que muchas veces no hay motivo para enojarse, pero el orgullo nos domina.

Dos recomendaciones iniciales: estudiar cada escena antes de responder, y la segunda, hablar despacio, midiendo cada reacción y palabra. Es aconsejable alejarse de lo que produce el estado de tensión.

Reconozca que usted, con ayuda de Dios y decisión, puede controlar sus impulsos. Si evita una reacción impulsiva, habrá ganado una batalla en la vida. Medítelo así, y habrá dado un segundo paso de victoria.

Siete fundamentos para evitar la ira

Es natural enojarnos; está ligado al comportamiento humano. No obstante, lo que recomienda Dios en Su Palabra es que no nos dejemos gobernar por esos sentimientos descontrolados. El apóstol Pablo escribió: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26, 27)

Con fundamento en la Biblia, que es nuestra brújula y la voz de Dios para guiarnos en cada circunstancia de la vida, deseo compartir con usted siete recomendaciones que le resultarán muy útiles para vencer la ira:1. No se desgaste en cosas triviales

Si toma unos pocos segundos de su cotidianidad, descubrirá que muchas veces se enoja por asuntos sin trascendencia. Cada circunstancia debe ser medida en su verdadera magnitud, y constituye ayuda para vencer el problema, tal como recomiendan las Escrituras: “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte.” (Proverbios 11:4)

Recuerdo el caso de una amable señora que se llenaba de ira cada vez que se fundía un bombillo. Acusaba a sus hijos de ser culpables, por estar encendiendo y apagando las lámparas. ¿Tenía sentido iracundizarse? Sin duda que no, porque toda bujía tiene su período de vida útil. Nadie era culpable.

2. Aprenda a controlar sus emociones

Un joven cristiano iba en su moto cuando un auto le cerró el paso. Afortunadamente el muchacho no iba a alta velocidad, pero obviamente cayó y se produjo unas lesiones leves. Preso de la ira, se levantó y con el casco protección, arremetió contra el vehículo. ¿Resultado? No solo tuvo que pagar los daños sino que, además, debió disculparse con el otro conductor.

¿Se deja dominar por la ira?

El apóstol Pablo recomendó que no nos dejemos arrastrar por las emociones: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26, 27)

Sólo con ayuda de Dios y con una clara conciencia de que debemos revisar nuestras actitudes, podemos superar la ira y sus consecuencias. Las emociones no deben gobernarnos, somos nosotros quienes las gobernamos.

3. Responda con aplomo

La ira nos lleva a reaccionar, generalmente sin medir el alcance de las palabras. Por esa razón, el rey Salomón recomendó: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.” (Proverbios 15.1)

Sea que otro lo ataque verbalmente preso de la ira o que sea usted quien se encuentre en esa situación, mida cuidadosamente lo que dice. Evitará herir a los demás y de paso, se evitará dolores de cabeza.

4. Pase por alto las ofensas

¿Sabía usted que generalmente dimensionamos las cosas sin razón de ser? Le pongo un ejemplo: soy amigo de caminar al mediodía por la Plaza de Caycedo, un lugar céntrico y hermoso de mí amada santiago de Cali. Muy concurrido, además. En cierta ocasión tropecé y caí. Muy dentro pensaba que todos, absolutamente todos, tenían su mirada fija en mí. ¡Tremendo error! Cada quien siguió en lo suyo. Igual con todo lo que ocurre: a veces le damos más importancia de lo que debería.

Lo aconsejable, si alguien nos ofende o busca provocarnos, es pasar por alto sus palabras: “El necio al punto da a conocer su ira; mas el que no hace caso de la injuria es prudente.” (Proverbios 12:16; 16:14; 19:12)

De seguro, si no nos ofendemos por lo que nos dicen, evitaríamos dolores de cabeza y además, pasar malos ratos por cuenta de quienes nos rodean. Ellos siguen contentos y usted y yo enojados. ¿Tiene sentido? Por supuesto que no…

5. Evite problemas

En un centro comercial alguien gritaba, fuera de casillas: “¿Por qué me miras de esa forma? Dímelo. ¿Quieres problemas?”. El interlocutor respondió con calma: “Disculpe si lo molesté, señor, pero es que tengo estrabismo en los ojos”. El autor del escándalo quedó en ridículo. Se agenció problemas sin razón: “El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.” (Proverbios 15:18; 19:19)

Usted es el que debe dominar las circunstancias, las circunstancias no deben dominarlo. Los factores externos ejercerán influencia sobre nosotros sólo si lo permitimos.

6. No asuma como propios los problemas de otros

Es bueno ser sensible al dolor ajeno, pero no el meternos en problemas de otros porque terminamos involucrados, peleando sin razón: “El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno Es como el que toma al perro por las orejas.” (Proverbios 26:17)

Un joven solía parcializarse hacia su madre cada vez que discutía ella con su esposo. El chico terminaba en problemas con su padre, y ella se reconciliaba con él. Aunque debía asumir una actitud neutral, tomaba partido y se involucraba en problemas ajenos.

7. No asuma el comportamiento intolerante de otros

Soy iracundo porque mi padre era así”, me dijo una señora tras descubrir— en una consejería— que su mayor problema eran las reacciones airadas. Hablamos un buen rato y descubrió, que asumir el comportamiento intolerante de su padre, no hacía otra cosa que traerle problemas. Este tema lo abordó el proverbista cuando escribió: “No te entremetas con eliracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos...” (Proverbios 22:24)

Usted tiene su propia personalidad. Asúmala. Sepa que usted y nadie más que usted es responsable por lo que dice o hace.

Es tiempo de cambiar

Con ayuda de Dios podemos cambiar. Nada determina que la ira sea el comportamiento que gobierne nuestros pensamientos y acciones. Es posible, no en nuestras fuerzas sino en las del Señor.

Ahora, ese proceso de cambio se fundamenta en tomar la mejor decisión: Recibir a Jesús como su Señor y Salvador. Prendidos de Su mano emprendemos el proceso de crecimiento personal, espiritual y familiar que siempre hemos anhelado. Decídase hoy por Jesucristo.

Publicado en: Estudios Bíblicos


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