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Siete principios claves para que se produzca un avivamiento


(Parte 2)

Siete principios claves para que se produzca un avivamiento (Parte 2)

Es evidente que la búsqueda de una avivamiento espiritual en su vida personal o quizá un despertar espirtiual que involucre a la congregación o ministerio en el que se desenvuelve, le ha llamado poderosamente la atención.

¿Recuerda que en la primera parte insistimos en la necesidad de orar? Es el eje fundamental para que ese mover especial de Dios se produzca.

Hoy vamos a mirar la fundamentación bíblica para que se desencadenen un avivamiento o un despertar espiritual.

Encontrando las raíces del avivamiento

Si queremos encontrar la raíz del por qué no se producen avivamientos en nuestro tiempo, es necesario volver a los orígenes: al fundamento Escritural.

Para despejar el interrogante le invito a leer conmigo los capítulos 1 y 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles. Allí encontramos algunos principios, sencillos, prácticos pero eficaces, que le invito a considerar:

1.- Dejarse guiar por Dios

Con frecuencia en las denominaciones y ministerios deseamos un crecimiento espontáneo o al menos, muy rápido. Dejamos de lado algo importante: Obedecer lo que Dios nos manda.

Con un afán comprensible ante la inminencia de la partida de Jesús, sus discípulos le hicieron una pregunta y en la respuesta del Maestro está la clave: "Así que mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia: — Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino? Él les contestó: — Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo; pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra." (Hechos 1:6-8. NTV)

Tome nota de la respuesta del amado Salvador:

a.- Sólo Dios tiene autoridad para fijar las fechas y los tiempos

b.- No somos nosotros los llamados a saberlo o decidirlo a menos que medie la revelación de Dios

c.- El primer elemento dinamizador que nos permite ser claves en una vivamento, es permitir el obrar del Espíritu Santo

d.- Dios guía a través de su Espíritu Santo sobre los lugares en los que debemos predicar

¿Le llama la atención? Sin duda que sí porque en estas breves líneas encontramos poderosas enseñanzas que deben transformar nuestra forma de pensar y actuar a nivel ministerial.

2.- Manténgase en una dimensión de oración

Infinidad de pastores esperan que un avivamiento espiritual se produzca en su congregación por generación espontánea, es decir, sin mayor esfuerzo. ¡Tremendo error! Dios se mueve en un clima espiritual —por supuesto, sin que necesariamente sea la regla —. Pero Él que es Santo se manifiesta entre quienes buscan Su rostro.

Una vez Jesús ascendió al cielo, los discípulos orientaron sus esfuerzos y dedicación  a la oración.

El evangelista Lucas relata que: "Después los apóstoles regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén, a un kilómetro de distancia. Cuando llegaron, subieron a la habitación de la planta alta de la casa donde se hospedaban." (Hechos 1:12, 13. NTV) Un lugar de concentracion para orar. El aposento alto en el que comenzaron a clamar y buscar incesantemente el rostro del Señor.

¿Cuánto tiempo pasa usted en oración? ¿Cuántas veces lo hace a solas, en la intimidad de su cuarto, fuera de la Iglesia? Son dos interrogantes para los que sólo usted tiene la respuesta.

3.- Espere el tiempo de Dios

Dios tiene su propio tiempo para obrar. ¿Recuerda lo que dijo el Señor Jesús respecto a esa potestad que asiste al Padre? Pues bien, es tiempo de reafirmarlo: El dueño de los tiempos es el Hacedor del Universo, Dios mismo.

¿Cuándo se produjo el avivamiento de pentecostés? En el tiempo del Señor.

Le invito a considerar lo que relata el evangelista Lucas:  “El día de Pentecostés,  todos los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. De repente, se oyó un ruido desde el cielo parecido al estruendo de un viento fuerte e impetuoso que llenó la casa donde estaban sentados. Luego, algo parecido a unas llamas o lenguas de fuego aparecieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos los presentes fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas,  conforme el Espíritu Santo les daba esa capacidad.” (Hechos 2:1-4. NTV)

Observe cuidadosamente que los 120 reunidos en el aposento alto no presionaron nada para que Dios se manifiestara. Simplemente oraron y esperaron en Dios. Es lo que debemos hacer hoy en nuestras denominaciones eclesiales y en los ministerios en los que nos desenvolvemos.

Puede que diseñemos campañas, actividades evangelísticas, programas y cuanta iniciativa luzca atractiva e ingeniosa. Pero, ¿está en la voluntad de Dios? La diferencia la marca justamente eso: Que obremos en la voluntad del Padre.

El avivamiento del aposento alto y los hechos posteriores desencadenaron el despertar espiritual entre más de ocho mil personas. Mucho más de lo que quizá hayamos logrado en una semana de esfuerzo. ¿Qué produjo esa manifestación poderosa del Espíritu Santo? Que los discípulos en el aposento alto dependieron de Dios, le obedecieron.

4.- Usted sólamente es un instrumento de Dios

Usted y yo no somos protagonistas en el Reino de Dios. Como en las películas: Sin nosotros nada funciona. ¡Tremendo error! Dios necesita siervos no actores ni protagonistas que roben Su gloria.

El apóstol Pablo enfatizó en el asunto una vez se produjo una división entre quienes se consideraban sus seguidores y los de Apolos, un tremendo evangelista del primer siglo.

Para dirimir el asunto, escribió a los creyentes de Corinto: "Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer. El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo." (1 Corintios 3:6-8. NVI)

Si deseamos ser parte de un despertar y avivamiento espiritual, es esencial que dispongamos nuestro corazón para el Señor y reconozcamos que simplemente somos instrumentos en Sus manos. Nada más que eso. Si lo hacemos, Él nos utilizará como instrumentos valiosos en Su obra.

5.- Sométase al Plan eterno de Dios

Voy a formularle una pregunta para la que quizá no tenga una respuesta inmediata. ¿Sabía usted que en tiempos de Jesús se produjo un poderoso avivamiento y quién fue instrumento para que se produjera? Le invito a que medite en el asunto por unos instantes.

Quizá por su mente pasan los nombres del sacerdote Zacarías, de su esposa, Elizabeth y quienes precedieron la llegada del Señor. Está cerca, pero aún no llega.

¿Se da por vencido? Le tengo la respuesta: Un hombre que se constituyó en catalizador del avivamiento del primer siglo fue Juan el bautista. “Espera un instante, Fernando; vas rápido. No creo que sea así”, quizá me digas. Si es así, permíteme mostrártelo:

Si somos conscientes que el mundo no gira en torno a nosotros y que no somos estrellas en el Reino de Dios sino simplemente obreros, entenderemos por qué Juan el bautista fue dinamizador del primer avivamiento. Él entendió, como debemos hacerlo nosotros hoy, que era simplemente un servidor. Y como tal, se sujetó al Plan eterno de Dios.

Isaías había profetizado sobre Él como mensajero (Marcos 1:1-3). Y continúa diciendo la Escritura: "Ese mensajero era Juan el Bautista. Estaba en el desierto y predicaba que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada. Toda la gente de Judea, incluidos los habitantes de Jerusalén, salían para ver y oír a Juan; y cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán. Juan usaba ropa tejida con pelo rústico de camello y llevaba puesto un cinturón de cuero alrededor de la cintura. Se alimentaba con langostas y miel silvestre." (Marcos 1:4-6. NTV)

Juan dispuso su corazón y su vida para ser útil en manos de Dios. No pidió reconocimiento ni privilegios; simplemente ser útil. Y el Señor lo hizo. Tanto así que multitudes venían a escuchar el mensaje.

¿Imagina lo que podría ocurrir cuando dejemos de lado tanto orgullo y arrogancia y nos sometamos al Señor para que nos utilice en Sus manos como poderosos instrumentos?

La calidad de nuestros mensajes cambiará. ¿La razón? Dios fluirá a través de nuestros labios y las vidas de las personas serán transformadas.

Él cumplió su tiempo, su ciclo, y estuvo presto a hacerse a un lado para que Jesús el Señor fuera exaltado. ¿Es lo mismo que está dispuesto a hacer usted? Le invito a considerar el asunto con detenimiento.

6.- Permanezca fiel a la Palabra

Cuando Juan el bautista se paraba a proclamar su mensaje, no hablaba cosas que agradaran al público. No utilizaba promociones en Internet promoviendo su ministerio ni colocaba afiches en ciudades cercanas anunciando “Noche de milagros”. No. Simplemente fue fiel a la Palabra y así la enseñaba.

El evangelista Marcos capta la fotografía de ese período histórico con las siguientes palabras: “Juan anunciaba: «Pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de inclinarme como un esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, ¡pero él los bautizará con el Espíritu Santo!».” (Marcos 1:7. 8. NTV)

Predique individualmente, por la Internet, a alguien que viaja junto a usted en el autobús, mientras hace fila en una entidad bancaria o quizá desde el púlpito, pero hágalo ceñido a la Biblia.

No predique sobre sus propias experiencias sino sobre Dios y que todo gire alrededor de la obra redentora de Jesús. ¡Puedo asegurarle que si lo hace así, tal como lo hizo Juan el bautista en su momento, la congregación a su cargo o en la que es líder, experimentará un cambio dramático, profundo y duradero!

7.- Dispóngase hoy a ser instrumento en manos de Dios

Dios necesita hombres y mujeres dispuestos a ser instrumentos suyos en la extensión del Reino. No está buscando estrellas ni protagonistas sino instrumentos. Puedo asegurarle que si salen de en medio de nosotros uno o dos o tres, con esas tres personas puede comenzar un avivamiento y despertar espiritual en la iglesia donde usted se congrega o en algún ministerio específico.

Le invito para que vamos de nuevo a las Escrituras, y específicamente al Antiguo Testamento. ¿Recuerda a Isaías? Él escribe: "Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí" (Isaías 6:8. La Biblia de Las Américas)

¡Dios aún sigue buscando corazones dispuestos para Él! Y le tengo una buena noticia: Usted es la persona que anda buscando.

Recueerde que los grandes avivamientos de la historia no comenzaron con líderes o pastores famosos sino con “ilustres desconocidos”. No obstante, tenían tres distintivos en común: Amaban a Dios, oraban y querían servirle. Esos factores marcaron la diferencia.

El mundo necesita a Cristo

Si miramos alrededor, encontraremos que millares de personas se están perdiendo sin Cristo en su corazón. Y lo más probable es que en su propia congregación haya millares que simplemente van a la iglesia pero no han tenido una experiencia personal con Jesús el Señor.

Usted mi querido lector o lectora, puede ser quien dinamice un avivamiento o despertar espiritual. Basta que ahora, hoy mismo, le diga: “Señor, quiero ser útil en Tu obra”. Esas seis palabras comenzarán un poderoso mover. Disposición, entrega, sometimiento. Y Dios no desprecia a hombres y mujeres que desean servirle.

Decídase. Este es el momento oportuno. No espera la próxima actividad grande en la iglesia o recibir un gran evangelista que le profetice. Es en este instante que debe actuar y rendirse a los pies de Jesús para ser un poderoso instrumento en la extensión del Reino de Dios. ¡Usted mismo se sorprenderá! Ha llegado el tiempo del avivamiento y el despertar espiritual a su congregación o ministerio.


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