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Siete consejos para evitar la monotonía conyugal

Siete consejos para evitar la monotonía conyugal

Lo dijo con sinceridad. Midiendo cada término como si rebuscara las palabras en el fondo de un extraño y a la vez prodigioso baúl en donde cada una cobrara un significado especial al cruzar el umbral de sus labios. Como si se tratara de un escritor travieso y juguetón extraviado en un jardín infinito de frases, sin puntos ni comas, que se pierde en el horizonte.

Amo a mi esposa, y no quiero perderla. Si tan solo me diera una nueva oportunidad, la aprovecharía al máximo. No perdería ni un solo minuto sin estar a su lado.— dijo con esa extraña mezcla de tristeza y amargura que nace en lo más profundo del corazón de quienes han perdido toda luz de esperanza.

La amo… La amo…— repitió con vehemencia — ; pero ella no quiere saber nada de mi…

Dos semanas atrás su esposa se había ido de casa. Un lunes, aprovechando que él se encontraba en la estación de gasolina donde trabajaba, le escribió: “Me cansé de nuestra relación. Fueron casi treinta años de monotonía a tu lado y no soporto más, No tenemos hijos pequeños; ya se crecieron, son hechos y derechos, y definieron su vida. Ahora quiero vivir”, decía la carta que dejó sobre la mesita de noche, en la alcoba que fuera de los dos, ancha y fría.

Él no sabía a ciencia cierta cuál era su paradero.

Desde que estaba solo, no podía dormir, y si lograba conciliar el sueño, despertaba con desasosiego para comprobar que Raquel no estaba a su lado, como hasta ahora lo había estado, por mucho tiempo.

El aburrimiento en el hogar

Uno de los peores enemigos del matrimonio es la monotonía. Toma fuerza con el paso del tiempo. Primero como un brote que asoma perezoso— y que generalmente no percibimos a tiempo— para convertirse en un árbol frondoso que destruye todo a su paso.

¿Ha experimentado este fenómeno que golpea tantos hogares y ha destruido tantas parejas? Si es así, es hora de ponerse alerta. No permita que siga extendiendo sus tentáculos porque luego puede ser muy tarde. Hoy es una buena ocasión para comenzar a hacer algo. ¡No todo está perdido!

Hace varios años aconsejé a Claudia y James. Estaban a las puertas del divorcio y consideraban inútil todo esfuerzo. A mi recomendación de que le dieran el primer lugar en el matrimonio al Señor Jesucristo, abrieron sus ojos como si acabaran de escuchar un despropósito. “No servirá de nada”, dijeron los dos. Él se encogió de hombros tan solo para llevarle la contraria a ella; sin embargo comprobaron que Dios es real.

Si Jesucristo reina en el matrimonio…

Recuerdo una ceremonia de matrimonio que me pidieron oficiar para dos líderes muy amados de la congregación. La ocasión fue propicia para referirles sobre un pasaje, sobre el cual dicté también una conferencia en una reciente cena de matrimonios.

Se encuentra en el Salmos 127, versículo 1: “Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el SEÑOR no cuida la ciudad, en vano hacen guarda los vigilantes ” (Nueva versión Internacional )

Las estrategias humanas ejercen influencia pero no transformación ni tampoco mantienen vivo el amor al interior de la pareja.

No desestimo la consejería ni las terapias, por el contrario, valoro su aporte. No obstante quien puede ayudar a salvar su matrimonio, si usted le otorga el primer lugar en su existencia al Señor Jesucristo.

La preocupación de Rodolfo por salvar su relación con Rocío terminaba en frustración cada vez, hasta que ella un día le dijo con franqueza: “No quiero volver a hablar contigo. No perdamos más tiempo”, le dijo con rabia en su voz.

Solo entonces comprobó aquello sobre lo cual escribió el rey David: “En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer pan de fatigas, porque Dios concede sueño a sus amados” (Salmos 127:2, Nueva Versión Internacional)

¿A quién perjudicamos?

Cuando el matrimonio está en crisis, los principales perjudicados son nuestros hijos. No es justo, pero ocurre y las secuelas de una separación les marcan a ellos para siempre.

Los hijos, un tesoro de Dios para nuestra familia

Antes de pensar en el divorcio, es necesario que miremos a nuestros hijos. La Biblia es muy clara al señalar que representan un tesoro para nuestras vidas y merecen el cuidado que podamos prodigarles. De ahí que la separación no es el camino más aconsejable: “Los hijos son una herencia del SEÑOR; sus frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud. Dichosos los que llenan su aljaba con esa clase de flechas. Cuando litiguen con ellos en los tribunales” (Salmos 127:3-5, Nueva Versión Internacional)

Soy un convencido de que la oración desencadena el poder de Dios. Lo libera a favor nuestro. Es algo real y maravilloso. Por eso insisto en recomendarle que si el matrimonio suyo se encuentra en crisis, se vuelva a Dios en oración, con perseverancia.

La Biblia nos enseña: “Por eso los fieles te invocarán en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán” (Salmos 32:6, Nueva Versión Internacional)

Tratar de salvar el matrimonio en sus fuerzas le llevará al límite del desgaste, como escribe el rey David: “No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente. Esperamos confiados en el SEÑOR; Él es nuestro socorro y nuestro escudero” (Salmos 33:17, 20. Nueva Versión Internacional)

Tenga presente siempre que Dios es quien transforma los corazones. Usted y yo no podemos hacerlo, pero el Señor sí porque modifica la forma de pensar y de actuar de los seres humanos, especialmente entre quienes abren su corazón a Jesucristo. Por supuesto, debe ser un proceso de doble vía: si espero el cambio de mi cónyuge, yo también debo cambiar.

Consejos para evitar la monotonía en el hogar

En mi agenda, la que cargo a mano porque antes que un computador portátil o cualquier otro elemento de ese tipo, todos mis artículos y estudios los escribo a mano, tengo un apunte que comparto con usted a propósito de evitar la monotonía en el hogar. Es el producto de un estudio que desarrolló una firma británica que trabaja concertando citas para futuras matrimonios.

Los especialistas coinciden en siete consejos para evitar la monotonía conyugal:

1.- Compartir unos entretenimientos juntos, que les mantenga ligados el tiempo libre.

2.- Que tengan un noviazgo largo con el tiempo suficiente para conocerse el uno a otro.

3.- Esperar por lo menos dos años antes de traer el primer hijo a la vida. Es un período de conocimiento mutuo y madurez.

4.- Prodigarse los dos, por lo menos tres abrazos por día.

5.- Decirse un TE AMO al menos una vez cada veinticuatro horas.

6.- Pasar mínimo tres noches abrazados por cada mes.

7.- Planear al menos dos fines de semana juntos, alejados de hijos y compromisos laborales.

Pero recuerde que por encima de todo consejo, el más importante es que le de cabida al Señor Jesucristo en el matrimonio. Cuando Él reina en la familia, y no tomamos ninguna decisión sin antes consultársela a Él en oración, tenemos asegurada la victoria.


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