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La mejor decisión de su vida sólo toma 3 segundos

La mejor decisión de su vida sólo toma 3 segundos

¡Cuidado con el carro…!”, fueron las últimas cuatro palabras que escuchó antes de perder el conocimiento por espacio de dos meses.

Luis Mario iba cruzando la calle. El semáforo estaba en color verde. Los vehículos avanzaban raudos. Apenas natural, comenzaba el día.

No se percató del peligro. Iba ensimismado en sus pensamientos y en la búsqueda de soluciones a los mil y un problemas que enfrentaba.

Con Lorena, su esposa, discutía todo el tiempo. Incluso pactaron no llamarse al teléfono porque sabían que, invariablemente, terminarían en una discusión.

Varias veces hablaron de separarse, aun cuando tenían dos niños pequeños. En esos momentos de ira y orgullo herido, no pensaban en el futuro de los pequeños.

Las dificultades familiares se veían reflejadas en su trabajo. Discutía con sus compañeros; a veces las diferencias de opinión no tenían fundamento. Luis Mario simplemente quería explotar, liberar su frustración de alguna manera.

¡Cuidado con el carro…!”. El grito sonó lejano. A kilómetros. No pensó que fuera para él.

Segundos después estaba volando por el aire. Lo arrolló un taxi. El accidente no tomó más de tres segundos.

Lo que ocurrió en los dos meses siguientes, cuando estuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos, no lo recuerda. Solo que un día, no sabía si lunes, viernes o domingo, abrió los ojos y comenzó a tomar conciencia de que algo había ocurrido porque alrededor se veían enfermeras y dos médicos. El aire estaba impregnado con un olor extraño, la amalgama de alcohol y fármacos.

Una decisión trascendental en pocos segundos

Luis Mario volvió a vivir. Ese antes y después marcó la diferencia. En adelante, cuidó cada instante al lado de Lorena, de sus hijos y hasta de quienes estaban alrededor, en su lugar de trabajo. ¡Comprendió que cada instante valía lo que el oro en polvo!

En tres segundos el curso de nuestra vida pueda cambiar. Un accidente que está por fuera de nuestro presupuesto cotidiano, nos puede llevar a la muerte. Pero también en tres segundos se puede comenzar a vivir de nuevo.

¿De qué manera? Abriéndole las puertas de su corazón a Jesucristo. Al respecto nuestro amado Salvador enseña: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos.” (Apocalipsis 3:20. NTV)

Cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón a Jesús, el Señor, nuestra vida experimenta cambios profundos, a nivel personal, espiritual y familiar. Es entonces, con Cristo en nuestra existencia, como podemos decir: “Estoy viviendo plenamente”.

No deje que pase este día sin que haya abierto su vida al Hijo de Dios. Es la mejor decisión que jamás podrá tomar… Es una decisión que no le tomará más de 3 segundos, para comenzar a vivir…


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